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Una cartografía de desposesión: evaluando la reorganización espacial en una conversación dirigida por el estado en Saadani, Tanzania

Alejandra Orozco-Quintero and Leslie King
Publicado en Journal of Political Ecology 2018. 25: 40-63.

Resumen

Proclamada como la “historia de éxito en conservación más importante”, las áreas protegidas se han convertido en el método preferido entre los signatarios estatales del Convenio sobre la Diversidad Biológica para abordar los desafíos de la conservación. Sin embargo, las áreas protegidas gobernadas por el estado han sido criticadas por no lograr los objetivos ecológicos y sociales. El logro de un consenso sobre las estrategias de conservación de la vida silvestre no se ha traducido en una aceptación generalizada de las áreas protegidas gobernadas por el estado por parte de las comunidades locales. Los críticos debaten si el estado es sincero y eficiente al ejercer el control espacial.

Este artículo analiza la conservación basada en el estado en el paisaje Saadani en Tanzania, explorando la naturaleza de la reorganización espacial y los enfoques institucionales que guían el establecimiento de áreas protegidas. La reorganización espacial y las acciones de las organizaciones de conservación han llevado a la privación de las mismas personas cuyos esfuerzos han permitido conservar la biodiversidad. Esto es a pesar de un cambio aparente en la naturaleza de las políticas de conservación de Tanzania hacia enfoques más participativos. Al detallar los mecanismos utilizados por el estado para ejercer el control espacial en Saadani, destacamos cómo el enfoque ha sido contraproducente para satisfacer el compromiso del país con el marco de Aichi sobre los objetivos de biodiversidad y ha socavado el respaldo de las bases para la conservación. En el contexto del fuerte apoyo de las organizaciones internacionales de conservación para los esfuerzos de conservación de Tanzania, esto sugiere la necesidad de reevaluar las políticas globales de conservación y la identificación de medidas urgentes y mecanismos efectivos para proteger los derechos sobre el territorio y la tenencia ancestral en lugares seleccionados para la conservación.

 

Introducción

Un siglo después de su creación, el modelo del Parque Nacional Yellowstone, también conocido como “fortaleza de conservación”, se ha convertido en una de las principales estrategias para la preservación de la naturaleza alrededor del mundo (Brockington, 2002).

Áreas protegidas (APs) reconocidas oficialmente, las cuales representaban menos de siete mil en número en 1991, incrementaron a 209,000 para el 2014 (Juffe-Bignoli et al., 2014).

No obstante, en una declaración alarmante, el sector global de conservación reconoció en 2010 que a pesar del constante incremento en el número y extensión de APs, la meta establecida por los gobiernos del mundo en 2002 “de alcanzar en 2010 una reducción significativa de la tasa actual de pérdida de biodiversidad a nivel global , regional y nacional, como contribución a la disminución de la pobreza y para beneficio de la vida sobre la tierra” no ha sido alcanzada (Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, 2010: 9).

En respuesta a esto, en 2010, 192 gobiernos miembros  del  Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) renovaron sus compromisos ambientales, acordando hacer esfuerzos adicionales para detener la tasa de pérdida de biodiversidad mundial (Juffe-Bignoli et al., 2014). Los pactos consagrados en el acuerdo de Metas de Biodiversidad de Aichi en la Conferencia de miembros en Nagoya en 2010, incluyen reservar el 17% de áreas terrestres y cuerpos de agua interiores y el 10% de áreas costeras y marinas del mundo bajo conservación para 2020 (Convenio sobre la Diversidad Biológica, 2010). En el 2014 el reporte Protected planet de UNEP identificó 15,4% de la superficie terrestre como APs (Juffe-Bignoli et al., 2014). El sistema de metas internacionalmente adoptado para la expansión de los APs incluye un rango diverso de objetivos de manejo (desde exclusión estricta hasta uso sostenible) y tipos de gobernanza (gobernanza por parte del gobierno, pueblos indígenas, sector privado, y asociaciones mixtas) (IUCN, 2009). Pero hasta el 2014, de todas las APs reportadas en la Base Mundial de Datos sobre Áreas Protegidas (WDPA), la inmensa mayoría se ajustaron al modelo convencional. El reporte de UNEP indicó que el 88% están siendo manejados por gobiernos mientras sólo el 1% están bajo el manejo de comunidades locales e indígenas (Juffe-Bignoli et al., 2014), y del 64% de las APs con objetivos de manejo identificados, al menos el 50% de esos fueron bajo las categorías más restrictivas. De esas APs de conservación estricta, el 26,6% están clasificadas como parques nacionales (Juffe-Bignoli et al., 2014).

Aunque las estadísticas del número de APs bajo cada categoría IUCN sugieren que los parques nacionales están en la minoría, ellos cubren un territorio significativamente más extenso que otras formas y por tanto son el método dominante para conservar la biodiversidad (Chape et al., 2008). Debido a que prácticas de conservación contemporánea aún depende enormemente de este modelo, existe la necesidad de entender a más profundidad sus fortalezas y debilidades y, en consecuencia, adoptar medidas para mejorarlo o reemplazarlo.

Mientras la pérdida de biodiversidad es el producto de un número significativo de factores, incluyendo el cambio climático, el desarrollo industrial y agrícola a gran escala, la sobreexplotación de los recursos y su uso insostenible, tanto el reporte del CBD de 2010 como la publicación de UNEP en 2014 confirman el enfoque dado a la APs. Hay evidencia clara de que la conservación excluyente tiene repercusiones importantes sobre las comunidades estrechamente vinculadas y con frecuencia totalmente dependientes de paisajes biodiversos. Estos incluyen el análisis riguroso de Chase (1987)

sobre los impactos negativos de las políticas de conservación impuestas por actores foráneos sobre la vida salvaje de Yellowstone, así como analices críticos sobre la falta de integración institucional y los desenlaces nocivos de aplicar el modelo fortaleza de conservación en paisajes caracterizados por interacciones interdependientes entre la gente y la naturaleza (Brockington et al., 2008; Chapin, 2004; Dowie, 2011; West and Brechin, 1991; West et al., 2006).

En el contexto de un amplio apoyo estatal y de compromisos significativos a los acuerdos de conservación global llamando a la expansión y multiplicación de APs (Juffe-Bignoli et al., 2014; Venter et al.), hay preguntas importantes que requieren atención urgente y más extensa. ¿Están los conflictos institucionales y territoriales actuales en APs manejadas por el estado relacionados principalmente con desacuerdos entre paradigmas de manejo ambiental estrictos y más inclusivos, o son ellos indicativo de algo diferente?, ¿de qué manera puede la reorganización espacial  estatal sólo nominalmente “participativa” afectar la efectividad de los esfuerzos de conservación y/o la sostenibilidad social de las APs?

En países amigables con la conservación, como lo es Tanzania, donde un tercio del territorio nacional está clasificado bajo APs (IUCN y UNEP, 2013), y donde la conservación ha sido favorecida y sistemáticamente promovida por agencias del estado desde la época colonial (Goldstein, 2004), los métodos estatales centralizados de conservación han engendrado conflictos entre las comunidades locales y las agencias del estado, y no han logrado canalizar los beneficios de la conservación hacia comunidades afectadas por parques nacionales o vinculadas a estos (Brockington et al., 2006; Goldman 2003; Neumann, 1998).

En este contexto,  el principal objetivo del artículo es explorar los mecanismos a través de los cuales las APs están siendo establecidas y los efectos de los métodos de conservación adoptados. Este aporta al volumen de evidencia acumulada sobre la falta de concordancia entre sistemas de conservación impuestos por el estado y métodos comunitarios de conservación biológica.

Sin embargo, su principal propósito es, más allá de documentar los impactos del modelo estatal fortaleza de conservación, ilustrar algunos de los métodos y estratagemas usados por el estado para ejercer control espacial. Elabora sobre patrones sutiles y con frecuencia ignorados de reorganización espacial y prácticas institucionales, implícitamente sancionadas por el sector internacional de conservación, que directamente determinan cómo toman lugar las intervenciones de conservación, y las formas en las que tales intervenciones socavan el papel de varios actores en la conservación biológica y son contraproducentes para lograr las metas centrales de los marcos de conservación mundial

Gobernanza y espacialidad en procesos de conservación

Paisajes biológicamente ricos y culturalmente diversos son inherentemente heterogéneos, y albergan una diversidad de interacciones entre comunidades humanas y naturales (Zimmerer y Young, 1998). Conceptualizaciones de lugar, que forman y son formados por estas complejas interacciones entre la cultura y la naturaleza, han sido traducidas en complejos acuerdos territoriales e institucionales donde el sustento, el asentamiento y la conservación están intrínsecamente ligados a través de límites permeables y espacios superpuestos (Berkes, Folke, y Colding, 1998; Roth 2008), además de patrones multiusos y una coexistencia recíproca (Colchester, 1994).

Hoy en día, un amplio cuerpo de investigación empírica, incluyendo estudios sobre patrimonio comunal, la conservación comunitaria y la resiliencia comunitaria provee un conjunto rico de ejemplos mostrando concepciones de espacio, la transformación de espacios en lugares y la complejidad de metodologías comunitarias referente a y de manejo de la naturaleza. Esta heterogeneidad ha sido percibida y representada de forma diferente por actores de la conservación a diferentes niveles de organización social (Roth, 2008; Zimmerman, 1995).

Las maneras en la que la biodiversidad es percibida y las estrategias adoptadas para efectuar su protección son mediadas por procesos políticos y culturales, así como por relaciones espaciales. Esencialmente políticos en su naturaleza, los métodos de conservación se traducen en instituciones y relaciones espaciales definitivas. Las Instituciones son componentes críticos de los sistemas de gobierno que constituyen conjuntos de normas vinculantes, derechos y procedimientos normativos que guían decisiones y acciones  colectivas, determinando quienes son los actores y dirigiendo sus interacciones (Young, 1999). Las instituciones a todo nivel de organización social están en constante tensión e interactúan con otras instituciones a niveles superiores e inferiores (Underdal, 2008).

De manera crítica, sistemas tradicionales de tenencia de la tierra y otras instituciones locales han sido y continúan siendo afectados de forma directa y definitiva por parte de organizaciones e instituciones de conservación estatales. En formas estrictas de conservación, caracterizadas por el control estatal, la espacialidad de las APs se convierte en un instrumento para reducir la injerencia humana al mínimo a través de la eliminación de comunidades humanas, ya que esto se considera como la forma de lograr mejores resultados en la protección de la biodiversidad.
No obstante, este método de conservación ha sido cuestionado por los impactos que ha tenido en comunidades cuyos territorios han fomentado por largo tiempo la biodiversidad biológica y cultural, y en la vida silvestre misma que los PAs intentan proteger (Benjaminsen et al., 2013; Benjaminsen y Bryceson, 2012; Brechin, Murray et al., 2007; Brockington, 1999; Chapin 2004; Dowie, 2011). En efecto, el éxito de la conservación no ha sido siempre la norma dentro de las áreas protegidas (Craigie et al., 2010; Mora y Sale, 2011; Packer et al., 2011).

Disparidades en el éxito de la conservación pueden ser atribuidas a múltiples factores, incluyendo circunstancias climáticas, ecológicas, y socioeconómicas (Venter et al., 2014; Watso et al., 2014; Wilson, 2002). Sin embargo, un cúmulo de investigación sugiere que el principal obstáculo en el éxito de la conservación es el método mismo de conservación (Barret et al., 2001; Brandon et al., 1998), así como también las maneras en las cuales la práctica de conservación evocan prácticas de mercado (Igoe and Brockinton, 2007; Peterson and Isenhour, 2014). Estas son tendencias que han sido documentadas a través del analices de políticas y de manejo en Tanzania (Brockington et al., 2006; Benjaminsen and Bryceson, 2012; Benjaminsen et al., 2013; Neumann, 1998), y en el  mundo (Chapin, 2004; Dowie, 2011).

En particular, esfuerzos de conservación de largo tiempo y controlados por el estado han sido sujeto de fuerte crítica por sus desafíos persistentes para avanzar las metas ecológicas y sociales colectivas (Aubertin and Rodary, 2011; Benjaminsen y Bryceson, 2012; Brandon et al., 1998; Barret et al., 2011; Brockington et al., 2008; 2011; West y Brechin, 1991). Aún así, los sistemas de AP manejados por el estado permanecen como el sello distintivo de los esfuerzos actuales de conservación (Juffe-Bignoli et al., 2014), y son el modelo de conservación más ampliamente esparcido y significativamente financiado (James et al., 1999; Waldron et al., 2013).

El marco global actual guiando las acciones de los estados en la conservación dela biodiversidad incluye no solo las bien conocidas metas espaciales para el establecimiento de APs, sino también el nivel más estratégico de las Metas de Biodiversidad Aichi. En el décimo encuentro de la Conferencia de Partes para la Convención sobre Diversidad Biológica, que tomó lugar en el 2010, un plan estratégico revisado fue adoptado, y central en este plan son las metas Aichi de 2011-2020. Estas son las medidas actuales que los gobiernos miembros acordaron traducir en planes de acción y estrategias nacionales mejoradas.

Las cinco metas Aichi de biodiversidad son:

  1. Abordar las causas subyacentes de la pérdida dela biodiversidad mediante la incorporación de la diversidad biológica en todo el gobierno y la sociedad;
  2. Reducir las presiones directas sobre la biodiversidad y promover su uso sostenible;
  3. Mejorar el estado de la biodiversidad por medio de la preservación de los ecosistemas, especies y diversidad genética;
  4. Aumentar los beneficios de la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas para todos y;
  5. Mejorar la implementación a través de la planeación participativa, la gestión del conocimiento y la creación de capacidades.

Hasta qué punto estas cinco metas estratégicas han sido perseguidas y han influenciado las acciones de los estados está aún por ser documentado. Las metas espaciales de APs (17% de áreas terrestres y 10% de áreas costales y marinas protegidas), a pesar de su prominencia, son sólo uno de muchos objetivos dentro de las cinco metas.

Hasta ahora, las investigaciones realizadas sobre APs han resaltado los desafíos críticos a nivel de planeación y manejo, y una necesidad de apreciación de los sutiles aspectos de la naturaleza e impacto de la reorganización espacial en los métodos de conservación. Aparte de los interrogantes sobre la planeación y el manejo –preguntas sobre qué hacer- estos desafíos también llaman a una exploración de la gobernanza –preguntas  relacionadas con el quién y el cómo en la toma de decisiones, incluyendo el análisis crítico de los esquemas guiando el diseño y la implementación (Robinson y Makupa, 2015; World Resources Institute, 2003).

En las pasadas tres décadas, ha habido algunos movimientos hacia APs manejadas por el estado que sean más inclusivas y participativas (Borrini-Feyerabend et al., 2004; Brechin, Wilshusen et al., 2003). También hay avances importantes en el entendimiento de las formas en las que percepciones y la organización del espacio pueden generar conflictos y oportunidades entre la comunidades y las agencias de conservación (Roth, 2008). No obstante, a pesar del progreso en el entendimiento de los impactos de la planeación de conservación centrada en el gobierno (Rantala y Vihemäki, 2011), de despojar a poblaciones de sus territorios ancestrales en el nombre de la conservación (Brockington y Igoe, 2006; Dowie, 2011), y en reconocer las diferencias entre la conservación impulsada por las comunidades y la conservación excluyente (Alcorn, 1993; Borrini-Feyerabend et al., 2004; Colchester, 1994; Stevens, 1997), los estudios aún tienen que investigar a fondo la dimensión de reorganización espacial en la conservación estatal  y el establecimiento de PAs aparentemente efectuado a través de procesos participativos.

Este artículo está basado en descubrimientos empíricos sobre los procedimientos y acciones usadas por el estado de Tanzanía en la creación del Parque Nacional de Saadani y en la reorganización espacial que esta implicó. Documenta cómo el estado decidió sobre, demarcó y planeó  APs en Saadani–primero una reserva y posteriormente un parque nacional–y cómo esto resultó en el socavamiento del sustento de las comunidades y sus derechos humanos básicos. Argumentamos que la conservación estatal basada en el modelo convencional de un control espacial estricto, más que contribuir a la conservación, puede, a lo largo del tiempo, socavarla profundamente e impedir alcanzar las metas globales de protección de la biodiversidad biológica.

Parque Nacional Saadani

El Parque Nacional de Saadani (PNS), fue establecido en 2005, y es específicamente significativo entre las APs de Tanzania por sus características biológicas, ecológicas y culturales, y su localización exótica a lo largo de la costa del Océano Índico. Es también el primer parque en el país que incluye zonas marinas y terrestres (como se muestra en la Figura 1). Este se localiza dentro de los Distritos de Pangani y Handeni (en la Región de Tanga), y Bagamoyo (en la Región de Pwani). El parque está rodeado de diecisiete veredas que son oficialmente reconocidas y que tienen gobiernos funcionales. Estos incluyen trece veredas donde la investigación fue llevada a cabo: Saadani, Buyuni, Mkwaja, Mikocheni, Mkange, Kwakibuyu, Gendagenda, Mbulizaga, Mkalamo, Kwansisi, Mkange, Gongo y Matipwili. Las veredas adyacentes al PNS tienen conexiones ancestrales al lugar a través de las cuales se han formado prácticas culturales, de asentamiento y subsistencia.

Figura 1: Parque Nacional Saadani y aldeas adyacentes que participaron en la investigación. Capas de origen: Plan de gestión del parque Saadani, planes de uso de la tierra de la aldea y datos espaciales primarios El primer parque en el país que comprende zonas tanto marinas como terrestres.

   

Política de la Autoridad de Parques Nacionales de Tanzania en la planeación y manejo de parques

Los esfuerzos experimentales  tempranos de TANAPA en extensión comunitaria se remontan a 1988, y han evolucionado a su política de nacional de extensión comunitaria y su marco de acción estratégico: Servicios de Conservación Comunitaria (CCS) (Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2005). CCS se ha convertido en una estructura organizacional oficial dentro de TANAPA desde 1992, y es actualmente un departamento plenamente desarrollado con empleados operando permanentemente en cada parque nacional. El Plan de Acción Estratégico de los Servicios de Conservación Comunitaria de TANAPA: 2005-2015 tiene como propósito incrementar los vínculos y la colaboración con comunidades y otros interesados, para abordar los intereses y metas de TANAPA.

Sin embargo, como se ha redactado, la planeación colaborativa es sólo mencionada una vez en todo el documento normativo, como uno de los “valores centrales” de TANAPA. Además, los esfuerzos de TANAPA en actividades de manejo colaborativo son dirigidas a apoyar la planeación dentro de comunidades adyacentes a las fronteras de parques, no dentro de ellos. Como se indica, las metas sobresalientes del plan son  lograr entre un 50% y 80% de participación comunitaria en actividades de mutuo beneficio en conservación y manejo de recursos, incluyendo que 25% de estas comunidades tengan planes de manejo territorial (PMT) funcionales.

Asimismo, la normativa incluye disposiciones para apoyar proyectos comunitarios, el entrenamiento y el desarrollo de capacidad del personal de parque y de las organizaciones comunitarias de conservación, promoviendo el desarrollo e interacción institucionales, y reduciendo la caza ilegal y los conflictos entre parques y comunidades.

Estas disposiciones normativas deben estar conectadas y apoyadas por otras varias iniciativas, incluyendo: capacitación a múltiples niveles; armonización entre las leyes del parque sobre conservación y manejo de recursos y otros marcos legislativos locales y nacionales; programación basada en la investigación; y la promoción de fuentes alternativas de ingreso y otros procesos importantes iniciados desde los parques (Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2005).

Basado en las guías de TANAPA, la propia normativa del PNS en planeación y manejo del parque incluye cuatro programas de acción (Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2009):

  1. el Programa de Manejo de Ecosistemas;
  2. el Programa de Manejo de Turismo;
  3. el Programa de extensión comunitaria, y
  4. el Programa de Operaciones del Parque.

Como se describe en el plan, el Programa de Extensión comunitaria ha sido diseñado para facilitar “apoyo y colaboración” comunitarios para preservar “la integridad del valor de los recursos del PNS” a través del aumento de la educación sobre la conservación, y la comunicación y cooperación entre el parque y las comunidades (Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2009; 5).

Metodología de investigación y datos

Un proyecto de investigación más amplio tomó por 18 meses desde 2012 hasta 2014 en trece veredas (Figura 1), conversando con líderes comunitarios y gobiernos de veredas, y también con administradores del parque y autoridades en planeación costera, de tierras y recursos a nivel distrital y regional. Entrevistas semiestructuradas fueron realizadas a 217 individuos incluyendo grupos de enfoque. Este artículo se basa en los descubrimientos cualitativos, documentales y espaciales pertinentes a las interacciones en conservación y los resultados que tomaron lugar entre la vereda Saadani y el PNS. Adicionalmente, fueron recolectados documentos de varias fuentes gubernamentales, del parque, comunitarias e independientes (tanto publicadas como no publicadas), tratando sobre la creación del parque, la gestión de zonas, planes de manejo territorial y de recursos de las veredas y otros datos secundarios.

Los participantes del estudio incluyeron líderes delas veredas, veteranos en organismos institucionales y personal de gobierno locales. Informantes claves incluyeron autoridades y regionales y personal gubernamental de los distritos de Tanga, Dar es Salaam, Handeni, Pangani y Bagamoyo. Entrevistas individuales involucraron a guardias para la protección de recursos, extensión comunitaria, y ecología, y personal administrativo del parque. Los análisis cualitativos y de documentos fueron realizados usando el software NVivo. La recolección de los datos espaciales encerró la toma de puntos y transeptos de fronteras del parque, fronteras comunitarias, localización de esfuerzos comunitarios de conservación, centros comunitarios, áreas bajo disputas entre las comunidades y el parque y otros sitios relevantes. Excursiones por bosques y otras visitas al campo para recolectar datos espaciales primarios fueron realizadas junto con líderes comunitarios e informantes claves. En su totalidad, la información espacial incluyó datos primarios y secundarios sobre los planes de manejo territorial de las veredas, los esfuerzos de conservación a nivel del paisaje, límite territoriales y del parque, reservas comunitarias y datos relacionados con asentamientos y sitios de interés. El análisis de los datos espaciales involucró el uso de ArcGIS para la digitalización de mapas físicos, trazabilidad y geo-localización de datos vectoriales (puntos, transeptos y polígonos), desarrollando mapas y haciendo el análisis cartográfico visual (trazando los límites originales usando información recolectada por GPS y mapas físicos digitalizados, haciendo superposición de mapas y desarrollando nuevos polígonos para mostrar áreas de interés y discordancias en los límites), para ilustrar la naturaleza acoplada de los procesos espaciales e institucionales en el paisaje de Saadani.

Hallazgos

Intervenciones sobre el paisaje precediendo al Parque Nacional de Saadani

La creación del PNS fue solo una de muchas intervenciones en el paisaje de Saadani. La intervención de desarrollo más antigua e importante de Saadani se remonta hacia los 50 cuando el Rancho Mkwaja fue establecido (Archivos del Distrito de Pangani). La Figura 2, encontrada en los archivos del Distrito de Pangani, muestra el mapa original del rancho ganadero. Como se puede ver después en la Figura 6, el primer Rancho de Mkwaja constituye la mayor parte de la porción norte del actual PNS. Líderes en las trece veredas adyacentes al PNS consideran que el Rancho Mkwaja tuvo impactos importantes en su desarrollo socioeconómico durante sus cuatro décadas de existencia.

Figura 2: Mapa histórico original del antiguo Rancho Mkwaja. (Fuente: Archivos del Distrito de Pangani)

Las otras dos intervenciones significativas de Saadani fueron la creación de la Reserva Animal de Saadani (SGR), la cual fue establecida en 1974 (pero operaba desde 1968) (Departamento de Vida Salvaje y Republica de Tanzania, 1968) y la Reserva Forestal de Zaraninge, propuesta en los 90 y oficialmente establecida en el año 2000 (Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2003). El nivel de conciencia sobre la conservación ambiental entre las veredas de Saadani condujo al establecimiento de la Reserva Animal y además fue mejorado por ella (Mwinyamane 1994, 2003). La investigación primaria y de archivos muestra que SGR fue la consecuencia de un esfuerzo institucional concertado entre los líderes y veteranos de la comunidades y el Departamento de Vida Salvaje para permitir la conservación y el asentamiento en el mismo paisaje.

Mientras estaban ocupados en trabajos comunales en los 60s, aldeanos de Saadani notaron la presencia del entonces director del Departamento de Vida Salvaje, Sr. H. S. Mahinda, quién estaba pasando por la vereda en su camino hacia el Distrito de Pangani.  Decididos, los aldeanos pidieron el apoyo del Sr. Mahinda para detener la matanza indiscriminada de vida salvaje por parte de foráneos y las personas de distritos adyacentes (Mwinyamane 1994, 2003). Esta interacción condujo al establecimiento de la que sería conocida como la Reserva Animal de Saadani (SGR) emprendida y apoyada por la comunidad a finales de los 60 (Mwinyamane 1994, 2003).

Documentos describiendo el proceso de creación del acuerdo y mostrando la locación exacta de los límites de la reserva están ausentes de los registros guardados en los Archivos Nacionales de Tanzania. Sin embargo, otros registros disponibles incluyendo numerosos reportes anuales de la SGR – algunos escritos a mano y firmados por el Sr. Mahinda y que se remontan a 1968 – describe la política de la Departamento de Vida Salvaje de abordar la conservación mano a mano con las comunidades. Estos reportes describen, entre otras cosas, los esfuerzos en el desarrollo de la capacidad comunitaria, el involucramiento de las veredas en la gestión del turismo, y la toma de decisiones colectiva (Departamento de Vida Salvaje y la República de Tanzania, 1968). La información de entrevistas con veteranos, así como los reportes históricos de SGR y los documentos históricos de la vereda sugieren que SGR permitió la cooperación a varios niveles, la construcción de confianza, la toma colectiva de decisiones, el manejo colaborativa de la vida salvaje, y el progreso en conservación ecológica, durante sus tres décadas de operación.

En términos de disposiciones espaciales, los archivos sobre SGR dejan claro que no hubo solicitudes para tener asentamientos costeros desalojados o reubicados, pero sólo de dos sub aldeas internas, las cuales fueron movidas porque sus asentamientos estaban justo en el corazón de la reserva propuesta (uno de ellos conocido como Tengwe) (Departamento de Vida Salvaje y la República de Tanzania, 1968). La Figura 3, sacada de un reporte técnico de 1997 de la Universidad de Dar Es Salaam (UDS), muestra un mapa de todas las tres intervenciones: el Rancho Mkwaja, la SGR, y la Reserva Forestal de Zaraninge. SGR está identificada como el No. 3, al norte está el área abarcando al Rancho Mkwaja, y la Reserva Forestal de Zaraninge ubicada al oeste de SGR e identificada como el No. 4 en el mapa. También incluido en el reporte de la UDS esta una versión geográficamente referenciada de SGR (Figura 4).

Figura 3: El mapa más antiguo de la Reserva de caza Saadani encontrado hasta la fecha. (Fuente: Informe de 1997 sobre la investigación encargada por el Departamento de Vida Silvestre a la Universidad de Dar es Salaam. Biblioteca IRA: Ref No. TD 194.6.T34. E68).

 

Both map versions of the SGR make it clear that little beach land was included in the reserve. The report also states that the reserve’s beach is “not as expansive as perceived.” In reality, only “up to 2.5km” of beach “from Mvave river, located north of Saadani village centre, up to Kijitokombe river mouth, the south boundary of Uvinje sub-village”, comprise the totality of the reserve’s coastal stretch (University of Dar Es Salaam and Institute of Resource Assessment 1997: 3).

Figure 4: Geographically referenced version of SGR based on the oldest map of the reserve (Figure 3) also found in the 1997 report on research commissioned by the Department of Wildlife to the University of Dar es Salaam (Ref No. TD 194.6.T34 E68).

Ambas versiones del mapa de SGR dejan claro que muy poca playa estaba incluida en la reserva. El reporte también establece que la playa de la reserva no es “tan amplia como se percibió.” En realidad, sólo “hasta 2.5km” de playa “desde el río Mvave, ubicado al norte del centro de la vereda de Saadani, hasta la desembocadura del río Kijitokombe, el límite sur de la sub-vereda de Uvinje”, abarcan la totalidad del tramo costero de la reserva (Universidad de Dar Es Salaam y el Instituto de Evaluación de Recursos, 1997: 3). El contenido del reporte de la UDS es particularmente importante para verificar los acuerdos espaciales en el momento que se originó la reserva, ya que el reporte fue encargado por el mismo Departamento de Vida Salvaje, y concuerda con la gaceta oficial que creó la reserva. Igualmente importante en la comprensión del acuerdo entre el Departamento de Vida Salvaje y la vereda de Saadani es la gaceta oficial de SGR (1974), presentado en la Figura 5. Aunque imprecisa en la descripción de los límites de la reserva, el boletín establece que el límite noreste de SGR fue demarcado por una “línea despejada y con postes de cemento)”.

Figura 5: Gaceta original (1974) de la Reserva de Juegos Saadani iniciada por la comunidad. Fuente: Oficina de Impresión del Gobierno, Dar es Salaam. En línea: https://www.tnrf.org/sw/node/557

Por otra parte, desde el establecimiento del Parque nacional de Saadani (SNP) en 2005, las autoridades han tomado pasos sistemáticos para desalojar a los aldeanos de Saadani ocupando dos de tus tres principales asentamientos costeros, Uvinje y Porokanya. Las autoridades de la vereda han argumentado de manera persistente, desde antes de la promulgación oficial del Parque, que sus tierras nunca han sido parte de la Reserva (The Independent Daily Newspaper, 2003) y, posteriormente, han comunicado constantemente que se opondrán a ser expulsados de sus tierras ancestrales (Mawio NewsPaper, 2013). El proceso por medio del cual el parque fue establecido, y los resultados en la reorganización espacial que precipitó, ayudan a ilustrar los aspectos espaciales e institucionales críticos engendrando conflictos entre el parque y las comunidades en un paisaje conocido en el pasado por su éxito en la conservación colaborativa.

Toma de decisiones en el establecimiento del Parque Nacional de Saadani

Los logros en la conservación colaborativa y el progreso percibido por las comunidades en la conservación de biodiversidad en SGR eventualmente jugarían un doble papel en el establecimiento de SNP. Primero, estos llamaron la atención de la Autoridad Nacional de Parque de Tanzania (TANAPA) para crear, hacia finales de los 90s, el primer parque nacional costero del país, y al mismo tiempo, le permitieron a TANAPA tener una recepción positiva en la etapa más temprana de la planeación del parque. Información de una entrevista con el oficial de TANAPA que estuvo a cargo del establecimiento del parque, Domician Njao, así como también los reportes oficiales de TANAPA y los documentos del establecimiento del parque, apuntan directamente a la participación pública en la planeación del parque como el medio principal para encontrar un acuerdo con los representantes de las veredas para el establecimiento del parque (Junta Distrital de Bagamoyo, 2001, 2002; Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2002, 2009).

A lo largo de todos los reportes de TANAPA, se indica que la participación pública ha sido un mecanismo central usado para el establecimiento del parque (Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2002, 2009). TANAPA organizó numerosos seminarios y reuniones a nivel distrital con participantes interesados, donde los representantes de las veredas fueron invitados a discutir la viabilidad del establecimiento del parque (Junta Distrital de Bagamoyo, 2002; Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2002). Estos eventos han sido documentados por fuentes distritales y del parque, los cuales describen el número de reuniones y los puntos de las agendas guiando las reuniones con las autoridades distritales y de las veredas participantes. No obstante, ninguno de los registros revisados en esta investigación incluye información concreta sobre la extensión geográfica del parque, la ubicación de los límites, y la cantidad y localización de las tierras veredales destinadas a volverse parte del parque propuesto. Como se describe, las reuniones para buscar la aprobación de los líderes de las veredas y las decisiones realizadas fueron casi por completo basadas en la contribución de TANAPA sobre la importancia ecológica al establecer el parque, con la excepción de una presentación a nivel distrital de un mapa de SGR creado por TANAPA. En esa reunión el mapa de TANAPA de SGR fue presentado a Bagamoyo y otras Autoridades Distritales, y en esa reunión los participantes aprobaron la creación del SNP (Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2002).

Figura 6 incluye un mapa de es un mapa describiendo (2do párrafo de la pagina 13 no esta traducido)

 

Análisis cartográfico de la Reserva Animal de Saadani y el Parque Nacional de Saadani

Análisis cartográfico fue empleado para sintetizar toda la información disponible sobre los límites de SGR y los otros territorios que fueron agregados en la creación de SNP, y para analizar las diferentes versiones conflictivas de los límites que pertenecen a SGR y la vereda de Saadani. Esto se presenta en la Figura 7, la cual muestra en la izquierda, los mapas de TANAPA de SGR y SNP además de la antigua extensión de los territorios de las veredas, y a la derecha, una vista con acercamiento a la superposición de dos polígonos de mapas de SGR provenientes de fuentes distintas, uno de TANAPA (el cuál fue creado entre 1999 y 2001, como se muestra en la izquierda) y otro del reporte de la UDS encargado por el Departamento de Vida Salvaje (que se remonta a 1996-1997, Figura 4, arriba). Adicional a esta superposición se encuentran puntos de referencia críticos sobre las sub-veredas de Saadani que están habitadas y la ubicación de dos de las señalizaciones de los límites de SGR que fueron descubiertos por aldeanos y los autores en el periodo entre 2012-2014 durante el cual la investigación de campo tomó lugar.

Como se puede observar, la superposición de los dos polígonos diferentes de SGR revela la extensión de los territorios habitados de Saadani registrados como parte de SNP y la cantidad de tierra que fue dejada a la vereda de Saadani.

Ninguna de las locaciones de las señalizaciónes de la frontera de SGR ni el mapa en el reporte de UDS de 1997 indican que el límite oriental de la Reserva se extendía todo el camino hasta el mar. Por definición entonces, el Departamento de Vida Salvaje nunca incluyó las sub-veredas costeras habitadas de Uvinje y Porokanya como parte del área original que constituía la Reserva Animal de Saadani. La superposición deja claro que el mapa de TANAPA de SGR presenta una frontera oriental completamente diferente para la Reserva, una frontera que implica que la totalidad de Uvinje y Porokanya (las dos sub-veredas costeras de Saadani), así como también parte del asentamiento principal de la vereda de Saadani fueron parte de SGR.

 

No existe registro alguno que indique que durante el periodo de existencia de la reserva, las fronteras de esta hayan sido extendidas para anexar este o cualquier otro territorio. Tampoco pudimos encontrar ningún tipo de datos sugiriendo que el distrito u otras autoridades estaban informadas de los cambios realizados al mapa original de SGR cuando el mapa se presentó por TANAPA a nivel distrital en el proceso de obtener la aprobación para el parque.

De acuerdo a los registros del establecimiento del parque, TANAPA ha argumentado consistentemente que las áreas de Uvinje y Porokanya siempre han estado dentro de la reserva (Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2002, 2014a). La nueva cartografía de SGR de TANAPA fue inequívocamente apoyada durante los esfuerzos por parte de las autoridades del parque para modificar el acuerdo original hecho con los ancianos de Saadani (contenida en la gaceta oficial de SGR, Figura 5) y para argumentar que esos territorios sub-veredales siempre han estado dentro de los límites originales de SGR y que ahora pertenecen al parque (Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2014b).

La vista parcial del documento conteniendo la interpretación de TANAPA de la gaceta oficial de SGR de 1974, mostrada en la Figura 8, ilustra el procedimiento usados por TANAPA para normalizar una descripción diferente de las fronteras de SGR. En el caso particular del territorio pertenecientes a la sub-vereda de Uvinje, a la descripción original de los límites de 1974 TANAPA agregó las clausulas “hasta donde el río entra en el océano” y “desde la desembocadura del río Mligaji… (a lo largo de la costa)”, y omitió completamente “entonces en dirección sur a lo largo de una línea (boscosa) aclarada y balizada…” (ver la 4ta línea de la gaceta oficial de 1974 de SGR, Figura 5 arriba). En la interpretación pertinente al territorio de Porokanya, TANAPA sólo añadió la frase ‘en Porokanya’ en la 9na línea de la gaceta oficial donde dice “hasta donde el Río Wami entra en el mar (en Porokanya)”

De forma significativa, las condiciones topográficas y de precipitación de la costa de Saadani son tales que durante periodos lluviosos las áreas estuarinas (donde los ríos entran al océano) pueden extenderse hasta 3km aguas arriba. Estas condiciones pudrían explicar porque la gaceta oficial parece sugerir que la frontera oriental de la Reserva se extiende abajo hasta la desembocadura de los ríos Mligaji y/o Wami. No obstante, en la gaceta oficial de SGR de 1974 (Figura 5) se escribió que una “línea balizada aclarada” se construyó para demarcar el límite a la altura de Uvinje y hacia el sur. La interpretación de TANAPA de la gaceta oficial de SGR ha dejado oficialmente a la vereda de Saadani con aproximadamente 12 km² como la extensión total del territorio restante de su vereda, de la cual una parte se inunda estacionariamente y es usada para la extracción de sal.

Figura 7: Mapas de TANAPA de SGR y de SNP (izquierda) y una vista ampliada mostrando la superposición de dos polígonos de mapas de fuentes distintas de SGR (derecha). (fuentes: 2010-2020 Plan de manejo del parque, reporte de UDS de 1997, información espacial primaria)

 

No hay documentos oficiales relacionados con el establecimiento del Parque que indiquen como el territorio habitado de la vereda de Saadani fue añadido al parque. Tampoco pudimos encontrar ninguna evidencia que TANAPA haya explicado que esto estaba sucediendo, por ejemplo, durante la presentación formal al Distrito de Bagamoyo. Por el contrario, documentos relacionados con el establecimiento del Parque en el área cerca de Saadani indican de forma directa que las autoridades del parque se comprometieron a devolver una zona de amortiguación de 1.5 km de la reserva (alrededor del asentamiento principal de la vereda) de regreso a la vereda de Saadani (Junta Distrital de Bagamoyo, 2002; Autoridad Nacional de Parques de Tanzania, 2002). A pesar de esto, la frontera oriental de SGR no se movió al oeste para cumplir con este compromiso, sino que por el contrario fue movida todo el camino hasta la orilla costera, incorporando de esta forma la mayoría de los cerca de 50 km² de terreno que antiguos líderes de la vereda designaron para su asentamiento, dejándolos de esta manera con sólo 12 km² como la extensión total de su territorio veredal. El mapa de SGR usado por TANAPA (ver Figura 7) y su descripción de los límites de frontera de SGR.

 

(Figura 8) representan la reorganización espacial y el camino procedural tomado por TANAPA para anular los derechos de propiedad de los aldeanos.

Un parque de conflictos en un paisaje social amigable con la conservación

Los métodos de planeación del parque implementados desde finales de los 90s e identificados como “participativos” no han prevenido al SNP, oficialmente establecido en 2005, de enfrentar desde su creación con múltiples conflictos, incluyendo disputas por límites fronterizos, y de tierras a lo largo de sus fronteras. Abordando la conservación de biodiversidad ha sido progresivamente más difícil con las estadísticas del parque describiendo un incremento siete veces mayor en la caza ilegal desde el establecimiento del parque. Mientras en 2005 había 32 delitos reportados, para 2011 el número de casos fue 224 (Parque Nacional de Saadani, 2013). Los conflictos sobre los terrenos y límites del parque han surgido con las autoridades distritales y de las veredas, y aplican a los territorios bajo previos esquemas de conservación (SGR y el Rancho Mkwaja) y a los territorios de veredas adquiridos más recientemente (Bagamoyo District Commissioner 2005; Matipwili Village 2011). Sin embargo, es el caso particular de la vereda de Saadani, cuya importancia fue reconocida en el nombre de la reserva y el parque, donde la reorganización espacial ha tenido el impacto más significativo sobre la participación comunitaria en la conservación ambiental y los derechos comunales a la propiedad territorial.

Prácticamente, los antiguos líderes de la vereda de Saadani primero permitieron la creación de SGR al entregar cerca del 40% (de aproximadamente 300 km²) de su territorio, y posteriormente acordaron dar un 45% adicional (cerca de 128 km²) de su territorio al interior para la creación de SNP, dejando efectivamente para sí aproximadamente el 15% de su territorio comunal original (cerca de 50 km² de terreno). Esta contribución comunitaria para AP fue fomentada por agencias internacionales (Baldus, Roettcher y Broska, 2001; Treydte, 2004) y bien apoyada por organizaciones de conservación internacional y otras, incluyendo GTZ, WWZ y Fondo Per la Terra ((Bagamoyo District Board 2001). La contribución total de Saadani a la conservación estatal comprendió no menos del 80% de la extensión total del territorio de la vereda, y se efectuó a pesar del hecho de que Saadani, junto con veredas adyacentes, tenían sus propias áreas conservadas comunitarias equivalentes a por lo menos el 20% del área del parque. Sin embargo, desde 2017 los aldeanos de Saadani tienen legalmente derecho a sólo 11,8 km² de los 50 km² de territorio comunal que ellos retuvieron para sus asentamientos.

Por lo que ahora es efectivamente más de una década, la gente de las sub-veredas Uvinje y Porokanya han sido retratados como invasores de sus propias tierras ancestrales y han sido sujetos a amenazas regulares de desalojo por parte de las autoridades del parque (Mwinyamane 2003; Tanzania National Parks Authority 2014b; Uvinje Subvillage 2002, 2003). Grupos de discusión y caminatas de campo con miembros del Concejo de Vereda de Saadani, el principal cuerpo gubernamental de la aldea, la mayoría de los cuales son la segunda o tercera generación de descendientes de los pioneros de conservación, sugiere que los líderes comunitarios perciben a las autoridades del parque como un gobierno que opera por su cuenta. También encontramos que hay una falta de conocimiento sobre la actual ubicación de los límites actuales del parque que rodea el asentamiento principal de la vereda, poco entendimiento sobre los acuerdos de límites fronterizos del tiempo de creación de SGR, y una falta de comprensión-y por lo tanto una falta de acuerdo informado-del alcance jurídico de los derechos de propiedad rescindidos de Uvinje y Porokanya asi como también los de Saadani.

Por más de un decenio la retórica de TANAPA ha retratado a los que habitan a lo largo de la costa como invasores de la antigua SGR: “…la sub-vereda [Uvinje] está ubicada en la reserva ilegalmente. Se cometió un error al dejar a personas vivir ahí y la población creció con el tiempo” ((Tanzania National Parks Authority 2002: 4); “la sub-vereda [Uvinje] está ubicada dentro del parque en contra de la ley. Estuvo mal dejar a residentes vivir e incrementar la población en esa área…” (Bagamoyo District Board 2002: 4); “el suburbio de Uvinje ha estado dentro de los límites de SGR y los residentes de este suburbio han estado dentro de la reserva aun cuando fue convertida a parque nacional… es claro que los residentes de Uvinje están dentro del parque y permanecen en esa área ilegalmente. Los esfuerzos para expulsar a estar personas del parque continúan” (Tanzania National Parks Authority 2014b: 2). La persistente repetición de esta retórica ha erosionado gradualmente la disposición de algunos líderes de la vereda para defender los derechos de su propia comunidad y ha retrasado las oportunidades de encontrar una resolución oportuna para una disputa de territorio sobre la cual hay evidencia empírica concreta que muesstra los límites originales de SGR.

Miembros de Uvinje, quienes permitieron y participaron en el manejo de la conservación a varios niveles como personal de oficina y guardias de campo, han indicado consistentemente su apoyo a la conservación a través de su desaprobación colectiva de la caza furtiva y han ido más allá del discurso con su decisión autónoma de parar la extracción de sal (por su impacto negativo a la conservación) aunque esta representaba su principal fuente de ingreso (Mwinyamane, 2003). Sin embargo, TANAPA ha estado tratando de entregar sus tierras a inversionistas internacionales para la construcción de un campamento de tiendas de campaña de lujo (Tanzania National Parks Authority 2011).). Este llamado a inversionistas se realizó a pesar del hecho de que a los aldeanos de Uvinje se les ha prevenido sistemáticamente de terminar un eco-lodge, el cual empezó poco después del establecimiento del parque en 2006. Ellos fueron sus accionistas y podrían haberse convertido en sus gerentes (The Republic of Tanzania and Ministry of Rights and Human Settlements Development 2009).

Esfuerzos de abogacía internacionales han sido ejercidos a través

  1. De seis cartas de apelación al anterior y actual presidentes de Tanzania, enviados por el Consorcio Global de Territorios y Áreas Conservados por Comunidades Indígenas y Locales (ICCA Consortium),
  2. Cartas a la Unión Africana y al Relator Especial de las Naciones Unidas para los Derechos de los Pueblos Indígenas por parte de la ONG Minority Rights Group International
  3. Continuo apoyo legal por parte de organizaciones internacionales.

Estos llamaron a la restitución de los derechos de propiedad de los aldeanos de Saadani y su inclusión en la conservación de la biodiversidad. Las irregularidades que han tomado lugar han sido señaladas por al menos otros tres reportes investigativos independientes (Commission on Human Rights and Good Governance 2017; Legal and Human Rights Centre 2017; Ngorisa, Tenende and Msuya 2014). Uno de estos conducidos por el propio defensor del pueblo de Tanzania concluyó que las acciones de TANAPA para establecer SNP “fueron en contra de los requisitos de la ley” (Commission on Human Rights and Good Governance 2017: 1). Todos estos esfuerzos han sido de poca ayuda para lograr la rectificación, la cual requiere de voluntad política.

Discusión

Las diferentes intervenciones de actores estatales a través del tiempo en el paisaje de Saadani han tenido consecuencias directas sobre las instituciones y la organización espacial; no obstante, los hallazgos sugieren que fue el establecimiento de SNP el que tuvo las consecuencias más grandes en los esfuerzos de conservación. El área, rica en biodiversidad, ha tenido una historia de gestión comunitaria. La creación de SNP, sin embargo, marcó un punto de inflexión. Los hallazgos sobre la naturaleza de la participación comunitaria, o la falta de la misma, en el rediseño de los límites y la reinterpretación de los acuerdos previos, junto con la falta de información esencial durante las consultas de planeación y la toma de decisiones del parque, muestra que hay diferencias radicales entre el discurso del estado sobre el envolvimiento comunitario en la conservación y la actual planeación de conservación participativa que permitiría a las comunidades jugar su papel en la protección de la biodiversidad. Las agencias a nivel distrital y de las veredas sólo han tenido un acceso limitado a la información y, como se describe arriba, aspectos cruciales de esa información sobre los límites del parque fueron imprecisas. La participación superficial de los líderes de la vereda durante la creación del parque permitió a TANAPA reinterpretar unilateralmente los acuerdos previos entre el estado y comunidad y modificar los límites espaciales acordados colectivamente.

Los efectos de las acciones de TANAPA tienen muchas facetas. Los aldeanos de Saadani han probado su interés genuino en la conservación de la biodiversidad, como fue demostrado por el hecho de que ellos no sólo invitaron al Departamento de Vida Salvaje para brindarles ayuda, sino que también lo hicieron posible al confiar una amplia porción de sus tierras tradicionales para la creación de SGR. Las acciones de TANAPA han afectado los pasos que estas comunidades han tomado para preservar su paisaje biodiverso, y los ha dejado oficialmente desposeídos e incapaces de sostenerse a sí mismos en el proceso. Estadísticas recientes sobre la caza furtiva y el creciente descontento social sugiere que la creación de SNP no solo ha tenido consecuencias sociales negativas, sino que también ha socavado los logros de conservación alcanzados durante los decenios anteriores.

Los esfuerzos sistemáticos de TANAPA para ganar el control total no solo de territorios ricos en biodiversidad, sino también de áreas culturalmente importantes y turísticamente valiosas, con el soporte de organizaciones de conservación internacional, también ilustra los mecanismos institucionales y espaciales a través de los cuales la gobernanza y manejo de APs estatales pueden afectar o erosionar las oportunidades de hacer de la conservación un esfuerzo de múltiples niveles igualmente apoyado por organizaciones nacionales e internaciones, y por las comunidades cuyos territorios se han vuelto el blanco de conservación. El rol de los aldeanos de Saadani y sus acciones para establecer un hospedaje ecológico para lograr un desarrollo amigable con el ambiente hace difícil justificar la apropiación de sus tierras por largo tiempo habitadas, ya que los aldeanos han demostrado que no son una amenaza, sino que, por el contrario, son un aliado para los esfuerzos de conservación. Aún así, lo que podría ser más sugestivo de una agenda de carácter lucrativo más que agenda enfocada en la conservación, es el llamado a inversionistas internacionales hecha por la Autoridad de Parques para el alquiler de la tierra de los aldeanos, una llamada que le permitiría a la agencia multiplicar sus beneficios, y la cual tomó lugar a pesar de los esfuerzos de la comunidad en ecoturismo, desde 2006, bajo la aprobación de otra rama del gobierno.

Aunque hay diferencias claras entre los actuales modelos estrictos de APs estatales, que separan a la gente de la naturaleza, y los sistemas indígenas, en los cuales los humanos son considerados como parte de la naturaleza, estas diferencias no son las que está generando conflicto en el paisaje de Saadani. Ciertamente, hay diferencias manejo ambiental por parte de los aldeanos y el método de conservación del estado, pero lo que generando conflicto es el método cuestionable del estado de lograr control espacial a través de una aparente gobernanza ambiental participativa.

Como ilustran los hallazgos, la planeación y manejo de conservación de TANAPA no sólo ha conducido a una desposesión injusta de una comunidad que se preocupa por la conservación, sino que también es contraproducente para lograr las Metas de Biodiversidad de Aichi A, D y E: abordar las causas subyacentes de la pérdida de biodiversidad, asegurar beneficios para todos aquellos vinculados a la conservación y conservar a través de una planeación participativa.

Un gran volumen de investigaciones ha ilustrado como numerosas y vastas áreas biológicamente diversas, anteriormente bajo el manejo de actores comunitarios, han sido desprovistas de diversidad cultural y ahora son controlados por actores nacionales e internacionales. Localmente, esta es parte de la tendencia para incrementar la extensión y cobertura de las APs en Tanzania (Brockington e Igoe, 2006; Benjaminsen y Bryceson, 2012) y alrededor del mundo (Brockington e Igoe, 2006; Dowie, 2011; Juffe-Bignoli et al., 2014). En la práctica, la reorganización espacial y la superposición del uso y manejo de la tierra y los recursos emergiendo de, o conectado a, el establecimiento de APs han afectado los sistemas comunitarios espaciales e institucionales de tenencia de tierras y manejo de recursos (Benjaminsen et al., 2013; Brockington, Duffy, e Igoe, 2008; Goldman, 2003; Hoole y Berkes, 2010). Sin embargo, el caso de Saadani no es sólo otro ejemplo de cómo la conservación estatal está funcionando como una herramienta para la completa disrupción del sustento de las comunidades (Brockington, 1999; Clements et al., 2014), o cómo bajo esquemas de “fortalezas de conservación” los derechos de propiedad comunitarios continúan siendo desestimados a nombre de servir el interés público derivado de la conservación. La mayor contribución que hacen los hallazgos de la investigación es en la descripción de forma en la que la conservación estatal se está llevando a cabo -a pesar de los compromisos internaciones- y cómo con frecuencia ni está dirigida a una participación significativa de la comunidad, ni tampoco motivada por el noble propósito de proteger la biodiversidad.

Los resultados aportan a las crecientes preocupaciones sobre las maneras en la cual la justificación y los métodos de las formas estrictas de conservación estatal hacen caso omiso de la diversidad de culturas y la custodia de territorios en el mundo, y como estos imitan los tipos de acciones humanas que están causando pérdida de biodiversidad alrededor del mundo (Agrawal y Redford, 2009; Chapin, 2004; Colchester, 1994; Dowie, 2011; Neumann, 1998). Ellos apuntan al imperativo de un cambio completo en los debates y discursos de conservación que separan a la gente de la naturaleza. Ellos imponen un examen crítico de las agendas de conservación global, que están centradas en definir progreso en conservación principalmente en términos de representación y la extensión de APs, que están primariamente informadas por datos ecológicos, y enfocadas en los esfuerzos de manejo (el “qué hacer”) más bien que en los métodos de gobernanza (las preguntas de quién decide y cómo se decide).

Una gobernanza justa y efectiva es clave para alcanzar metas sociales relacionados con el sustento y la equidad, y las metas de conservación ambiental. En este respecto, este caso resalta dos preocupaciones centrales: la necesidad de profundizar y reformular lo que se entiende por “conservación participativa” dentro del marco actual de conservación, y la necesidad de reformular el papel del estado más como un transmisor y un puente entre los esfuerzos locales y los recursos internacionales para la conservación, en vez de ser el planificador e implementador principal (y el actor más autoritativo) en deliberaciones y esquemas de conservación.

Conclusiones

El artículo ha presentado una examinación de las formas en la que métodos estatales de conservación, la toma de decisiones y la gobernanza, y la reorganización espacial en el paisaje de Saadani ha sido perjudiciales para el bienestar de las comunidades preocupadas por la conservación, y para los esfuerzos de fomentar la sostenibilidad ambiental. Aunque los derechos y la participación de las comunidades han sido reconocidos e incorporados en discursos ambientales actuales en Tanzania y globalmente, este estudio añade al cuerpo de casos demostrando que frecuentemente tales derechos no son ni comprendidos ni aplicados en la práctica.

Las metas de las autoridades gubernamentales en ejercer control espacial, sus prominentes conceptualizaciones de territorio, las formas de interacción a través de las cuales estas metas han sido impuestas, y las instituciones de conservación a las que han dado lugar, son los pilares de la gobernanza ambiental estatal. Al respecto, la reorganización espacial es un instrumento central por medio del cual los métodos de conservación pueden afectar la equidad y la efectividad de la conservación. La reorganización espacial altera las interacciones entre las instituciones comunitarias y, entre estas y las instituciones estatales. Afecta la jurisdicción y el grado de autoridad ejercido por diferentes actores, las instituciones comunales de tenencia de la tierra y el ejercicio de agencia por los actores comunitarios, lo cual en turno afecta la sostenibilidad social y ecológica de paisajes protegidos. En Saadani, la gobernanza ambiental estatal y la reorganización espacial no solo hacen el modelo de parque nacional intolerable para las comunidades que se preocupan por conservar la biodiversidad, sino que también los resultados cuestionan el rol asignado a los gobiernos nacionales como los actores centrales para deliberar e implementar las agendas de conservación.

 

La acumulación de hallazgos científicos en las ciencias sociales y naturales apunta a la necesidad de enfoques más holísticos para proteger la biodiversidad (e.g., Mora y Sale, 2011; O’Riordan y Stoll-Kleemann, 2002) y demuestran que “nuestra habilidad de conocer la escala de lo que estamos haciendo, y lo que fundamentalmente se necesita hacer para avanzar hacia un resultado sostenible, nunca antes había sido tan bien analizada ” (O’Riordan, 2002: 4). Los acuerdos actuales internacionales de conservación como la Convención sobre Diversidad Biológica están, en la práctica, principalmente enfocados en la extensión y cobertura de las APs. Si bien tienen algunas disposiciones para abordar la planificación participativa y reconocer el conocimiento indígena (Convención sobre Diversidad Biológica, 2010), carecen de medidas efectivas para garantizar la participación y la protección de los derechos a la tierra comunales e indígenas. Los causantes actuales de la pérdida de biodiversidad -la caza furtiva organizada, la explotación insostenible de recursos, la degradación de los ecosistemas, etc.- superan la capacidad de cualquier comunidad o estado individual. Es tiempo de que los métodos de conservación que posicionan a los estados contra las comunidades sean reemplazados con un paradigma que enmarque el progreso de la conservación en términos de custodia comunitaria, jurisdicción compartida y gobernanza multinivel.

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